domingo, 10 de octubre de 2021

HILEKOAREN ETA UMETOKIAREN INGURUAN DAUDEN MEZU NEGATIBOEK 4.500 BORONDATEZKO UMETOKI ERAUZKETA GAUZATU DITUZTE INDIAKO MENDEBALDEAN


 

Emakumeei bakarrik eragiten dieten fenomeno askorerin gertatzen den bezala uteroaren inguruan arbuio eta ezezkotasun ikaragarria nabari daiteke; Adibidez, Indian, uteroa izateak emakumeen produktibitatea ekiditen duela uste da. Horrela, Maharashtra Estatuan 4.500 borondatezko umetoki erauzketa antzeman dira azken hiru urteotan.

Umetokia edo uteroa emakume orok duen organoa da. Madari itxurako erraia honek 7.5zm neurtu eta 100g pisatzen ditu, eta haurdunaldi garaian umea gordetzea du helburu. Era berean, hilekoaren isurketa eta periodikotasuna kontrolatzen du, beraz, hilekoa izateko beharrezko organoa da. Bestalde, hilekoa emakumeei eragiten dien odol-jarioa da; obulua obulutegitik kanporatu eta ernaltzen ez denean gertatzen dena. Emakumeek soilik dituzten organo eta fenomeno natural batzuekin gertatzen den bezala, uteroaren inguruan arbuio eta ezezkotasun ikaragarria nabari daiteke, hala ere, esan beharra dago, umeak edukitzeko funtzesko baldintza dela. 

Umetokiaren inguruan dagoen ezezkotasuna antzinarotik dator; fenomeno hau egiaztatzen duen gertaera bat aipatzekotan, adibidez, Histeria hitzaren jatorria aipa genezake. Izan ere,  Histeria grezierazko Hysteron hitzetik dator, umetokia esan nahi duena. Histeria egoera sikologiko latza da, haserre eta saminarekin lotzen dena eta emakume zein gizonezkoei eragin diezaiokena. Aintzinan emakumeek bakarrik zuten gaixotasuna zela uste zuten pentsalari askok, hala nola, Hipokrates eta Platonek; filosofo hauen arabera, Histeriak emakumeei bakarrik eragitzen zien gaixotasun mentala zen, eta umetokiarekin zuen lotura. Emakumeek bakarrik zuten gaixotasuna zela zioen Freudek ere;  bere  esanetan,  emakumeen gaitz guztien errudun nagusia zen umetokia. Horrela, gaixotasun mentalak sendatzeko tratamenduetako bat umetokia kirurgikoki erauztea zen. Lehen esan bezala, gaur egun, badakigu, histeriak emakume zein gizonezkoei eragin diezaiokela eta ez duela umetokiarekin inolazko loturarik.  Era berean, badakigu  idazleak, filosofoak, soziologoak edo emakumeen eskubideen defendatzaileak zirela Histeria gaixotasunaz diagnostikatutako lehen emakumeak. Ahotsa altxatzen zuten edo obeditzen ez zuten emakumeak gaixotzat hartzen ziren, ez baitzen ohikoa.

Umetokiaren inguruan dauden kondairak ez dira antzinaroan geratu; Nazio Batuen Erakundeko agintariak ehunka umetoki erauzketa kasu ikertzen ari dira azukre kanabera mozten duten emakumeen komunitate batean, Indiako mendebaldean. Izan ere, uteroa izateak emakumeen produktibitatea ekiditen duela uste da, beraz,  kontratistek dirua aurreratzen diete emakumeei ospitale pribatuetan umetoki erauzketak aurrera eramateko. Shaaron Rodriguez Nazio Batuetako kidearen esanetan; "Emakume horien egoera hain da prekarioa, ezen ezin dutela ezetz esan".

Jan Swasthya Abhiyan Indiako gobernuko kideak Maharashtraren egoerari buruz bideratutako ikerketa baten arabera 4.500 histerektomia baino gehiago gauzatu dira azken hiru urteotan, beraz, gobernuak ikerketa batzorde bat osatzeko agindua eman du. Izan ere, umetokia kendu duten emakume batzuek aitortu dutenez ondorio latzak sufritu dituzte ebakuntzaren ondorioz, hala nola,   lepoko min jasaezina eta zorabioak. 

Mahja Abje Indiako aktibista feministak dionez “Egoera hau bukatzeko beharrezkoa da hilekoaren eta uteroaren inguruan dauden mezu negatiboak ezabatzea; ankerkeria hori saihesteko lehen pausoa da”. Era berean, Malala aktibista feministak uteroaren aurkako mezuak matxismoak eragindako kondairak direla esan du; bere esanetan “Kondaira horien zabalkuntza emakumeei oztopo gehiago jartzeko estrategia bat baino ez da, burua makur dezagun erabilitako beste asmakizun bat”.

 

 

jueves, 24 de junio de 2021

LA CHOCITA DEL LLORO

 


Recuerdo un momento de mi adolescencia en el cual, de repente, todo el mundo empezó a comentar los monólogos que salían en El Club de la Comedia. Berto Romero, Goyo Jimenez o David Guapo se hacían cada vez más conocidos y todo mi entorno comentaba los chistes que hacían en sus espectáculos.

Las veces que acudí a los mencionados monólogos me reí con algunos chistes, sin embargo, siempre sentí que lo que en dichos espectáculos se describía era muy ajeno a mi realidad. Los chistes de «la suegra que da el pelmazo», lo incomprensibles que debemos de ser las mujeres y todos esos recursos humorísticos tan comunes, me sonaban porque son habituales en las producciones audiovisuales de hoy en día, pero no empatizaba con tales descripciones y, en definitiva, no me hacían especial gracia. De hecho, recuerdo un espectáculo  en el que un cómico afirmaba que «Todo el mundo sueña con hacer un bukkake», causando una carcajada en gran parte del público masculino.  La mayoría de las mujeres nos quedamos calladas, pues, haberlas "haylas", pero me atrevería a afirmar que casi ninguna soñamos con tal práctica.

En definitiva, toda mi adolescencia y época universitaria me consideré una persona que no apreciaba especialmente los espectáculos de comedia, pero todo cambió cuando descubrí a cómicas como Victoria MartinCarolina IglesiasHenar Álvarez o Ines Hernand, entre otras. Cuando empecé a escuchar el contenido de estas mujeres, sentí que algo en mí se reconfortaba, fue una sensación muy parecida a la que tuve al descubrir el feminismo. Estas mujeres describían realidades muy parecidas a las mías, y sus recursos humorísticos tenían mucho más que ver conmigo que lo que había visto anteriormente. Sus miedos, sus deseos y sus conflictos se asemejaban mucho a los míos, y, además, me partía el culo de la risa.

Hay una realidad que es innegable: el proceso de socialización de los hombres y las mujeres es muy diferente, y la realidad que vivimos también.  Al tratar el humor, mayoritariamente, de vivencias personales, y siendo hombres la mayoría de los cómicos, las mujeres nos hemos acostumbrado a que se traten temas que no tienen absolutamente nada que ver con nosotras. No obstante, esta nueva era de cómicas ha supuesto un soplo de aire fresco para muchas de nosotras.

Saco todo esto a colación a raíz de la polémica que ha surgido esta semana por las declaraciones que ha emitido en la Cadena Ser la directora de La chocita del Loro, una de las salas de comedia en vivo más conocidas de Madrid. Cuando a  le preguntaron por la falta de paridad en su cartelera (26 cómicos y solo una cómica) respondió lo siguiente: “Hemos pasado a un punto en el que mucho del humor que hacen las mujeres es como de víctimas o muy feminista, y el público que va, no lo suele comprar”.  Más allá de pedir perdón, Francisco Carretero, el gerente de la sala confirmaba lo mencionado por su compañera: «El nivel de las cómicas que hay en España necesita un tiempo, hay que darles uno o dos años para que estén a la altura de los cómicos que hay en La Chocita del Loro”.

Resulta curioso que la directora afirme que el público no suele comprar los monólogos de mujeres;  Estirando el Chicle es el podcast número uno de Spotify (superando incluso a Berto y Buenafuente) y ha llenado salas enteras en los espectáculos que ha hecho  en diferentes sitios de España. A su vez, Martita de Graná llena siempre los teatros a los que acude como monologista, e Ines Hernand o Valeria Ros también han tenido un gran éxito en su gira por España. El problema aquí no reside en que las cómicas tengan éxito o no, pues ya se ha visto que sí lo tienen, el problema es que somos las mujeres las que acudimos a dichos espectáculos.

Y es que, cuando la directora de La Chocita del Loro menciona que “el público no suele comprar los espectáculos de mujeres”, se refiere, exclusivamente, al público masculino. Por alguna razón, y en pleno 2021, parece que son los hombres quienes otorgan el prestigio y que si ellos no validan el trabajo de las cómicas, éstas no tienen nada que hacer en la industria del espectáculo (da igual que miles de mujeres acudan a verlas en masa). En palabras de Henar Álvarez: “Lo nuestro es considerado una chorradita para señoras o adolescentes, lo suyo es arte”.

También cabe mencionar que la directora se equivoca al calificar el humor realizado por mujeres como  “humor feminista”. Si es cierto que, por suerte, la mayoría de las cómicas son feministas, no obstante, ellas únicamente cuentan la realidad que viven como mujeres, no siempre hacen reivindicaciones feministas.  En un mundo donde lo “mainstream” es lo que les ocurre a los hombres, lo contado por mujeres se convierte en una subcategoría “feminista” dentro del humor. Pero no debería ser así. Al igual que nosotras siempre hemos consumido los monólogos donde se expone la cotidianidad de los hombres, lo contado por mujeres también debería ocupar espacios dirigidos al «público generalista», y no ser considerado una subcategoría. Como bien decía Simone de Beauvoir «En un mundo donde son los hombres los creadores de la cultura, la mujer siempre será la otra». Históricamente son los hombres quienes han contado las historias, por lo tanto, el hombre se ha convertido en la medida y nosotras, en la otredad.

 

Además, y ya fuera de los espectáculos humorísticos, la realidad que se expone en la mayoría de producciones audiovisuales también suele ser una realidad vista desde un prisma masculino. Son muchos los fenómenos que ocuparían más espacio o se contarían de otra manera, si fueran las mujeres las que lo contaran. Por ejemplo, en mi caso, fue una sorpresa descubrir que los partos duraban horas y que después de parir se sangra muchísimo, pues los pocos partos que había visto en las series y películas se representaban como algo rápido e indoloro.

Resumiendo, que a no ser que la directora de La chocita del Loro crea que nosotras pagamos los espectáculos con billetes del monopoly, han creado una estrategia comercial pésima. Las historias contadas por mujeres cada vez tienen más éxito, tanto en el humor como en el resto de áreas culturales. Cada vez se nos ofrecen más altavoces y la realidad empieza a ser vista desde diferentes prismas, no sólo el masculino. Ahora sólo falta que los hombres se animen a consumir este tipo de historias, pero no para otorgarnos prestigio y reconocimiento, sino porque es enriquecedor ver el mundo a través de otros ojos. Y porque la mayoría de cómicas y directoras de cine actuales son muy buenas, por qué no decirlo.

 

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

LOS REQUISITOS DE LA INTIMIDACIÓN Y EL CASO DE “LA MANADA”


En la sociedad actual resulta bastante común que los términos jurídicos y los utilizados por gran parte de la población discrepen en su significado. Al igual que el ciudadano de a pie no suele emplear en su vida cotidiana términos relacionados con la Astrofísica o la Biología, en el ámbito del Derecho suele ser muy común la utilización de términos que coexisten con el lenguaje popular. En circunstancias normales, un ciudadano que se dispusiera a leer un libro de astrofísica no entendería la gran parte de los términos técnicos utilizados, no obstante, si el mismo ciudadano acudiera a leer el Código Penal se encontraría con términos más cercanos a su lenguaje habitual. El problema reside en que, muchas veces, el lenguaje técnico que se aplica en el Derecho no se corresponde con el lenguaje que se utiliza en la calle, esto es, suelen emplearse palabras idénticas para describir conductas diferentes y ello suele ser causa de muchos problemas.
Uno de los ejemplos más comunes de este fenómeno se observa en los ciudadanos que acuden a juzgar un caso como parte del Tribunal del Jurado. Cuando estas personas se encuentran con asesinatos llevados a cabo ejerciendo un centenar de puñaladas, no pueden comprender que no se aplique el “ensañamiento” como circunstancia agravante. El sinónimo de ensañar, según el diccionario de la Real Academia Española supone “Deleitarse en causar el mayor daño y dolor posibles a quien ya no está en condiciones de defenderse” y el esquema mental que suele hacer un ciudadano de a pie cuando visualiza a un sujeto empleando un centenar de puñaladas está directamente ligado al ensañamiento.  Por otro lado, el Código Penal considera el ensañamiento como “aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando a ésta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito”, por lo tanto, si un sujeto emplea cien puñaladas a otro sujeto, pero este último fallece en el primer minuto, no puede considerarse que existe ensañamiento, pues no se ha causado un padecimiento innecesario a la víctima.
Tal y como se ha mencionado anteriormente, el caso más reciente donde se ha manifestado esta confusión es en el caso de “La Manada”. La ciudadanía no puede contemplar que en el relato de hechos probados llevado a cabo por la Sala no hubiera existencia de violencia e intimidación. Sin embargo, lo que realmente cabe preguntarse en esta cuestión es: ¿es este caso realmente un problema de inadecuación del lenguaje?
Por un lado, sí. Realmente, dos de los jueces de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra sí han creído a la víctima y sí han considerado que la superioridad física y numérica, y el lugar donde se llevaron a cabo los hechos imposibilitaron la posibilidad de decidir de la misma. No obstante, la concepción de intimidación que tiene la sociedad actual está recogida en el Código Penal como prevalimiento, un desajuste conceptual por el que han pagado en primera mano los dos jueces que dictaron la Sentencia mayoritaria de “La Manada”.
La doctrina jurisprudencial une la existencia de “intimidación” a una especie de amenaza de un mal. No obstante, la concepción popular de intimidación no incluye la existencia de una amenaza. Es más, la realidad social ha mostrado que existen varias formas de hacer que una persona se sienta amenazada y estas no siempre están ligadas a la verbalización de la misma. Tratándose de cinco varones, con clara superioridad física y considerando las características del lugar donde ocurrieron los hechos, cabe suponer que no hiciera falta amenaza alguna para ejecutar la acción, pues las circunstancias ya implantaron el sentimiento de amenaza en la víctima.
Sin embargo, la superioridad física y numérica sí se ha tenido en cuenta por la Audiencia Provincial de Navarra para calificar la conducta delictiva. Así, la Sentencia mayoritaria ha sido muy rotunda en considerar la existencia de prevalimiento. El apartado número tres del artículo 181 del Código Penal describe el subtipo agravado del abuso sexual; el prevalimiento. Así, Cuando la superioridad en tanto que constitutiva del prevalimiento tenga el efecto de viciar, en grado sumo, la posibilidad de decidir de la víctima, teniendo como resultado que esta tenga pocas (o ninguna) opción ante los requerimientos del agresor, hace que exista prevalimiento. Tal y como asimilamos los conceptos los ciudadanos de a pie podríamos entender que lo que se consigue a través de esa superioridad descrita en apartado tres del artículo 182 del Código Penal es el “intimidar” a la víctima, causarle miedo hasta el punto de que tenga imposibilidad de decidir, coartando su libertad decisoria.  La descripción del subtipo agravado de prevalimiento casa perfectamente con la concepción popular de intimidación.
¿Es adecuada la terminología empleada en el código Penal? En mi opinión no. Desde la perspectiva del lenguaje, prevalerse significa valerse o servirse de una cosa para lograr un objetivo. Es decir, denota funcionalidad sin connotaciones reprochables. Intimidar, no obstante, tal y como lo entendemos los ciudadanos de a pie, está estrechamente ligado a la utilización del miedo para conseguir unos resultados determinados.
Si la inadecuación de las palabras es el problema principal, sería fácilmente subsanable. Varios expertos en Derecho han reclamado la necesidad de ejercer pedagogía en lo que al Derecho respecta. Podría incorporarse el Derecho a las aulas, y hacer los términos jurídicos y su utilización más cercana a la gente. Por otro lado, también podría tratarse de adecuar desde el poder legislativo el lenguaje jurídico a las concepciones populares, con el fin de evitar conflictos. No obstante, el caso de “La Manada” no es sólo un problema de inadecuación del lenguaje, el caso ha puesto sobre la mesa un problema de mayor calibre: ¿es exigible una oposición activa de la víctima para entender que estamos ante un supuesto de agresión sexual, esto es, ante una intimidación?
Sí. Abuso y prevalimiento vician la libertad del consentimiento de la víctima, haciendo ambos que éste sea penalmente irrelevante, en cambio, la intimidación se une a la oposición de la víctima.
En mi opinión, es aquí donde reside el verdadero problema. La ciudadanía ha sentido desproporcionado exigir a la víctima oponerse cuando  considera que de esa oposición pueden derivarse serios males. Es cierto que los doctores de Derecho Penal varias veces han advertido el peligro que supone hacer leyes a raíz de casos mediáticos, no obstante, considero que la lectura que hay que hacer de la cantidad de protestas y manifestaciones que ha desatado el fallo del caso de “La Manada” es la necesidad de una respuesta penal diferente ante una reacción tan natural como es el no oponerse ante una agresión de este calibre.

Aquí se ha tratado de mostrar la regulación actual del término intimidación y sus exigencias. Sin embargo, cabría hacer otra reflexión (posiblemente más extensa) sobre la razón por la que en los delitos contra la indemnidad sexual, donde la gran mayoría de víctimas son mujeres, existe este requisito de oposición y, en cambio, en otros delitos como el delito de robo con violencia o intimidación, donde las víctimas pueden ser tanto hombres como mujeres, no se exige oposición alguna. El machismo abarca todas las áreas, pero mientras se siga responsabilizando a las mujeres de su propia supervivencia las mujeres seguirán siendo víctimas de la dominación masculina.

martes, 23 de marzo de 2021

CÁLLESE SEÑOR ARCÁNGEL

 

Arcángel

Quizás sea el encierro al que estamos sometidos el causante de que mi mente se desplace a otros momentos de mi vida, pero últimamente he estado pensando mucho en el verano que pasé con dos amigas trabajando en el extranjero. Dicen que la memoria tiende a retener solo lo positivo, es cierto, pero, entre los buenos recuerdos de bailes y risas, de vez en cuando también asoman recuerdos desagradables. Por ejemplo, siempre he pensado que aquel verano retrocedí en el tiempo, pues muchas afirmaciones que escuché, sobre la mujer y su comportamiento, parecían dignas de la España franquista.

 

Todavía recuerdo aquel día en que un compañero de trabajo nos decía a mi amiga y a mí que él jamás se casaría con una extranjera; “Son muy fáciles” decía. Él quería casarse con una “dama”, alguien que, según él, supiera comportarse. Él quería a una mujer “modesta” a su lado, que fuese tímida, decía, pues la timidez le parecía un símbolo de elegancia. Nosotras no entendíamos nada, ya no solo por lo machistas que eran sus afirmaciones, sino porque todas las noches, cuando salíamos a bailar, le observábamos babear e intentar ligar con todas aquellas extranjeras “no modestas” a las que tanto criticaba. Mi amiga y yo nos subíamos a la tarima y bailábamos como nos daba la gana, nos sentíamos revolucionarias e informales, pues esos bailes eran una forma de sacar el dedo a todos aquellos que decían que las mujeres debíamos comportarnos. 

 

Imagino que las mujeres que, en otra época, se subían a la tarima y bailaban como se suponía que no debían bailar tendrían la misma sensación de ser revolucionarias que nosotras en aquel momento. Es comprensible su sentimiento de rebeldía, no solo era una manera de desafiar la norma impuesta, sino también una forma de mostrar que les daba exactamente igual no ser consideradas “futuras esposas” (principal fin de la existencia de toda mujer según el patriarcado). Pena que, como suele ser habitual, la industria musical poco tardaría en apropiarse de ese acto. Como bien sabemos, la sexualidad (entendida esta desde un punto de vista androcéntrico) siempre ha sido utilizada por la publicidad para atraer al público masculino (el "clickbait" de hoy en día). La industria musical no quedaría atrás, y, detrás de todos los reguetoneros que protagonizaban los videoclips, varias mujeres serían colocadas en la tarima para bailar con poca ropa. Los hombres, como aquel compañero de trabajo, entrarían corriendo a ver a aquellos videos llenos de mujeres, y después abrazarían a su “modesta” mujer antes de dormir.

 

De esta situación derivan varios fenómenos a analizar. Por un lado, la forma en la que la sociedad actual continúa ordenando a las mujeres en dicotomías de mujer pública o mujer privada, puta o madre. Sin ir más lejos, esta semana el cantante Arcángel se ha pronunciado al respecto. Se trata de un conocido reguetonero cuyos videoclips muestran una ingente cantidad de mujeres en bikini, sin embargo, el susodicho se ha posicionado en contra de todas aquellas mujeres que, en sus palabras, “enseñan el culo”. Según él: “Las mujeres que se respetan se comportan y se catalogan como damas”.  Arcángel se ha beneficiado inmensamente usando la imagen de la mujer sexualizada, no obstante, ahora opina que aquellas mujeres que ha utilizado como reclamo comercial no merecen respeto. Por suerte, cantantes como Bad Gyal o Anitta no han dudado en condenar sus declaraciones.

 

Otra de las cuestiones a concluir es que, por triste que parezca, aquel acto que en un principio parecía liberador se ha convertido en un arma de doble filo; la sexualización se ha convertido en el estándar que las mujeres han tenido que seguir para poder llegar a la industria del espectáculo (Los hombres no, claro, ellos no necesitan sexualizarse, sino sexualizar a las mujeres en sus videos).  El patriarcado y, por ende, la industria musical, han encontrado una nueva forma de encorsetarnos. Tal y como mencionaba la cantante Billie Eilish recientemente, esta es la pregunta que se repite constantemente en las entrevistas que concede: “¿no te has planteado proyectar una imagen más sexy de ti misma?”, la cantante Beatriz Luengo también ha sido crítica al respecto, su libro, El Despertar de las Musas, narra varias situaciones en las que la cantante ha tenido que dar un golpe sobre la mesa.  Tal y como describe, las letras que los productores querían que ella cantara mostraban siempre a la mujer como un objeto sexual, no como un sujeto deseante.

 

El tener que pasar por el aro (este camino tan estrecho) para poder destacar en la industria se aleja mucho de la idea de libertad que teníamos; aquella libertad que parecía tan sencilla, aquella que parecía que iba a llegar tan pronto como rompiéramos con el mandato de mujer recatada. Es triste que la mirada masculina siga controlando el cuerpo de las mujeres, sobre todo la mirada de hipócritas como Arcángel o aquel compañero de trabajo.

 

La idea de que la libertad de las mujeres siempre esté llena de armas de doble filo ha vuelto a resurgir en mi mente cuando el libro de Najat El Hachmi El Lunes nos Querrán ha caído en mis manos. El libro cuenta la historia de dos jóvenes musulmanas que, viviendo en un entorno opresivo, desean encontrar la libertad.  En uno de los fragmentos del libro la protagonista muestra una tremenda admiración por la madre de su amiga, también musulmana, pues esta sigue una dieta.  La protagonista, por otro lado, tiene completamente prohibido modificar su cuerpo; ella siempre ha sido advertida de las consecuencias devastadoras que puede tener el hecho de provocar el deseo de los hombres y toda conducta de esta índole es considerada “una provocación” hacia ellos.  En un mundo donde la modificación de la imagen parece tener consecuencias directas sobre lo que eres (una cualquiera) hacer dieta también parece un acto de rebeldía, una manera de contradecir la norma impuesta, y una forma de desafiar el posible deseo masculino. Sin embargo, pronto descubrirán que aquello nada tiene que ver con la libertad; las sesiones semanales de tratamientos corporales, donde el dolor de las agujas les causa el llanto, la cantidad de horas sin comer, llegando a sufrir mareos y desmayos, o la total dependencia a las cremas anticelulíticas, no hacen más que evidenciar que aquello tampoco es una vida libre de ataduras.

 

Es frustrante que todo acto llevado a cabo por nosotras (ya sea bailar en una tarima o modificar nuestro cuerpo) sea considerado realizado con el fin de complacer a los hombres, más aún, que dependiendo de los actos que llevemos a cabo, se nos otorgue un grado mayor o menor de respeto.  Todas estas injusticias que hemos padecido las mujeres a lo largo de nuestras vidas no solo han creado un profundo malestar en nosotras, sino también un inevitable sentimiento de rebeldía.  En mi caso, fueron estos los sentimientos que me acercaron al feminismo, sin embargo, fue este mismo movimiento el que me enseñó que, romper con el orden anterior, no lo era todo. También aprendí que, el fin del patriarcado de coerción, en sí mismo, no supone la consecución de la libertad, pues los sistemas de opresión siempre se adaptan.  Quizás la clave sea, en palabras de Pilar Aguilar, no perder nunca el distanciamiento crítico; por un lado, frente a las normas que nos son impuestas desde fuera y, por otro lado, frente a lo que personalmente vivimos y sentimos, o sea, frente a nuestros miedos y deseos.

 

Mientras tanto aquí seguiremos las feministas, cuestionando la libertad, sí, pero también señalando y condenando declaraciones como las de Arcángel; declaraciones que, por cierto, y como bien dice Bad Gyal, evidencian que falta mucho trabajo.

 

jueves, 18 de marzo de 2021

“ARG” VUESTROS FINALES FELICES.


He de confesar que no soy muy dada a las llamadas “revistas del corazón”. Son contadas las veces que he leído una revista de semejantes características,  además, cuando me ha surgido la ocasión nunca he tenido una experiencia satisfactoria.

Recuerdo el día que tuve la  “Cuore” entre mis manos por primera vez, fue en la peluquería. La peluquera me puso la revista  en el regazo con la mejor de las intenciones pero pase un rato realmente malo. Todos esos “Arg” que surgían de las imperfecciones físicas de las famosas del momento me quitaron lentamente las ganas de vivir. “Arg” la celulitis, “Arg” las arrugas, “Arg” las patas de gallo… me pregunto si los redactores de la “Cuore” serían más felices en un mundo donde sólo hubiese maniquís del Zara. “Arg” el que dais vosotros, pensé.

Sin embargo, hace unas semanas el destino volvió a ponerme entre manos una de estas revistas. Esta vez se trataba de la revista “Hola”. El titular me enfureció más que los mencionados “Arg”, pues rebosaba machismo, pero de una manera mucho más sutil e imperceptible.

El titular decía lo siguiente; “Carlota rompe su compromiso con Dimitri, la princesa  que no ha podido encontrar su final feliz”.

Parece ser que la princesa de Mónaco ha roto su matrimonio y como no podía ser de otra forma, los redactores de la revista han tomado la postura más común en nuestra sociedad;  dramatizar porque  la gente se separe porque su relación de pareja no va bien.

En nuestra sociedad el divorcio y la separación siguen siendo vistos de manera trágica. Y da igual que alguien cuente que se ha separado porque eso le hace más feliz. Esta realidad nos afecta a las mujeres principalmente,  pues estamos  educadas desde niñas para considerar el amor romántico como el principal fin de nuestra existencia. 

En nuestro proceso de socialización las mujeres aprendemos que la felicidad y el bienestar sólo pueden ser logrados a través de la mediación directa de un hombre y que si  para vivir el amor tenemos que pasar por las más horribles tempestades, pues se pasa. Varias películas y series de televisión muestran que el amor justifica cualquier sufrimiento. Nos hacen pensar que es precisamente ahí donde esta nuestra salvación. En el amor. Que la soledad es dura y en ocasiones es mejor aguantar que dejar ir. 

Lo que me parece curioso es que mientras las campañas contra la violencia de género llenan los paneles publicitarios del Metro y las páginas de la revista “Hola” se llenan de mensajes apoyando la eliminación de la violencia contra la mujer, este tipo de titulares siguen fomentando la idea de que las mujeres no podemos ser felices sin nuestro “amor”. Luego se sorprenderán si no sabemos decir "basta" a relaciones tóxicas y destructivas.

La solución a las terribles cifras que baraja la violencia machista no es la de vendernos la moto con mensajes biensonantes contra la violencia de género. Quizás deberíamos empezar por dejar de inculcar a las mujeres el matrimonio como una aspiración futura y dejar de conectar la soltería y la ruptura al fracaso.

 En el caso de las  novecientas ochenta y tres mujeres asesinadas desde el año 2003, el  final feliz habría sido, precisamente, haber acabado para siempre con sus parejas  y no haberlas vuelto a ver nunca jamás.  Ese sí que habría sido un verdadero final feliz.

 

 

  



martes, 9 de febrero de 2021

SORORIDAD Y AUTOCRÍTICA


 "Si queremos que no nos pisoteen, no nos pisoteemos entre nosotras", estas eran las letras que mostraba la pancarta de una mujer que marchaba delante de mí en la manifestación feminista del 8 de marzo. Me pareció una reflexión tan interesante como valiente. Y es que no siempre es fácil hacer autocrítica, pero sí es necesario para mejorar.

El feminismo me ha ayudado en muchos sentidos, y uno de los ejercicios más difíciles que me ha llevado a hacer es el de observarme. Una vez adquirida la conciencia feminista he entendido que ciertos comportamientos y sentimientos propios no han sido correctos. Y los he modificado, o, al menos, lo he intentado. Por ejemplo, una de las conductas que he decidido no volver a llevar a cabo jamás es la de criticar a otras mujeres utilizando argumentos misóginos y machistas.  Somos muchas las mujeres que en algún momento de nuestras vidas hemos sido más críticas con la mujer con la que nos han puesto los cuernos que con el hombre que nos ha coronado. Y eso no está bien. Es injusto y desafortunado. Y ya ni hablar de achacar esa infidelidad a las provocaciones de la mujer, eso es, simplemente, lamentable.

El feminismo ha puesto en valor la práctica de la sororidad. Este concepto, que viene del latín soror "hermana" pretende aumentar la fraternidad entre mujeres.  A mí, personalmente, me parece una de las revoluciones más significativas del feminismo, pues, lamentablemente para nosotras, los enfados entre mujeres están plagados de conflictos referidos a los hombres.  Estas rivalidades no hacen más que causarnos malestar y, aunque creo primordial hacer un ejercicio de autocrítica e introspección para cambiarlo, también considero necesario cambiar todo elemento externo que nos lleva a actuar de esta manera. Porque sí, las influencias del patriarcado alimentan los supuestos de celos y envidias femeninas.

Cuando somos pequeñas, todo cuento nos muestra a las mujeres como rivales. En 'La Cenicienta', por ejemplo, la madrastra y hermanastras de Cenicienta solían maltratar y humillar a Cenicienta. Disney las planteó como "feas" y parece que no pudieron soportar que fuera Cenicienta la que captara la atención del príncipe. En 'Blancanieves', a su vez, la madrastra decide matar a Blancanieves porque el espejito mágico le comunica que es ésta la mujer más bella del reino. También la Bella Durmiente cayó en un profundo sueño por culpa de otra mujer.

 A parte de la obsesión por hacernos rivales a las mujeres, y de poner al hombre como origen de esta enemistad, también he captado una cierta tendencia a catalogar a las mujeres como "malas por naturaleza". Siempre me ha cabreado un poco esta afirmación (tantas veces repetida) porque, simplemente, no es verdad. Yo no creo que los conflictos entre mujeres mencionados anteriormente tengan que ver con nuestro estado natural de "maldad". Tampoco creo que las mujeres sean más malas que los hombres. Ni que ellos sean más nobles. Como bien explica Diana López Varela: "Las mujeres hemos estado tradicionalmente pegadas al macho, a la casa, compitiendo por él, por ser la elegida y mucho menos acostumbradas a trabajar en equipo, por y para nosotras".  Y es que, nuestro proceso de socialización es primordial a la hora de asentar ciertos comportamientos y desarrollar nuestra personalidad. Somos seres profunda, psíquica y constitutivamente sociales y eso significa que somos lo que aprendemos. Más bien lo que nos enseñan.

Cabe mencionar, además, que, al igual que existen celos y envidias femeninas, en las cuales, insisto, tenemos que trabajar, las mujeres también establecemos relaciones increíblemente sinceras y genuinas. Pensad en vuestras amigas. Nosotras creamos relaciones llenas de comprensión, amor, cariño, ternura, confidencias, generosidad, tolerancia, apoyo incondicional y diversión. Obviamente existen mujeres malas y crueles, al igual que hombres, pero definir la relación de las mujeres siempre como tóxica y poco real contradice la experiencia más elemental de todas nosotras.

Uno de los agentes de socialización más importantes hoy en día son los medios de comunicación audiovisual, cuyo discurso reproduce una inexacta representación de las mujeres. Tal y como expresa Pilar Aguilar, en la vida real, las mujeres son autoras de un 5% de los asesinatos, en las series, no obstante, de un 30-40%. Si a eso le sumamos que son pocas las películas en los que las mujeres salen adelante juntas y baten a un rival y que también son escasas las series en las que se muestra la sororidad como ambiente habitual entre las mujeres, cabe entender que no sólo somos nosotras las que tenemos que cambiar y hacer autocrítica.

Para poder crecer en la sororidad y ejercerla, necesitamos estímulos que nos lleven a ello.  Debemos dejar atrás los cuentos y películas donde las mujeres se enfrenten por el amor de un hombre, o donde la envidia y competitividad entre ellas surja siempre en relación a la belleza y al atractivo físico. También debemos superar la idea de que las mujeres somos malvadas. Una vez interioricemos la importancia de la sororidad y la conciencia feminista recorra nuestras entrañas, entonces no hay excusa: Debemos eliminar las actitudes machistas y misóginas hacia otras mujeres. No podemos pisotearnos entre nosotras, ya lo decía aquel cartel.

 

miércoles, 13 de enero de 2021

HILEKOA ETA GORABEHERAK


Aurreko egunean autobus geltokian nengoela, honako mezu hau irakurri nuen publizitate-panel handi batean: “Sentitu zaitez garbi!”. Emakume irribarretsu bat zegoen panel handi hartan, eskuan tanpoi pakete bat heltzen ari zena. Alajaina! hilekoa izateak “zikin” sentiarazten al gaitu? Horrexegatik behar al dugu “garbi” sentiarazten gaituen produktu bat? Egia esan, ez nuen horren berririk. Hurrengo egunean lagunekin komentatu nuen, hilekoa izateak inoiz ez ninduen “zikin” sentiarazi, beraz, ez nuen mezu horren funtsa ulertzen, aitzitik, jasotako erantzunek asko harritu ninduten. Badirudi ohikoa dela emakumeek hilekoa izatean, haien burua “zikin” sentitzea eta ohizkoa den baino gehiagotan garbitzea. Tristezia sentsazio antzekoa sentitu nuen hura entzutean, hain da naturala hilekoa izatea, hain da beharrezkoa, zein ezin nuen ulertu nola eragin zezakeen zikintasun sentipena.

Informazio berri hau izanda, nire ingurua behatzen hasi nintzen, eta gutxinaka-gutxinaka ulertu nuen normala dela emakumeak horrela sentitzea, gizarteak berak lotzen baitu hilekoa zikintasunarekin. Tanpoi edo konpresa iragarkietan, adibidez, odola urdin kolorez ageri da eta testurak ez du benetako odolarekin inolako zerikusirik. Gainera, “Feminist Current” aldizkariak bultzatutako ikerketa batetan, nabarian geratu zen geroz eta emakume gehiagok erabiltzen dituztela tanpoiak konpresak erabili beharrean, kuleroak jaistean odola ikustea ez baitute gustuko. Hala ere, ginekologo orok dio emakumeontzat oso garrantzitsua dela hilekoan isuritako odolari erreparatzea, kolorea edota testura aldatuz gero, gaixotasun asko goiz diagnostikatu baitaitezke.

Aurretiaz aipatutako informazio bilketa hartan, beste herrialde batzuek hilekoaren inguruan dituzten mito eta kondairak aurkitu nituen, bitxia iruditu zitzaidan hilekoak beti ezezkotasun eta arbuio ikaragarria eragitea. Tanzanian, hala nola, hilekoaren odola ikusteak  madarikazioa eragiten duela uste da, beraz, neskek beste alde batera begiratzen dute hilekoaren isurketa gelditzeko erabiltzen dituzten trapu eta zapiak aldatzean. Bestalde, Indiako toki askotan, emakumeak ezin daitezke sukaldean sartu hilekoa dutenean, janaria ustelduko delakoan. Nepalen emakumeak isolatu egiten dituzte hilekoa dutenean, txaboletara edo 'gela ilunetara' bidaltzen dituzte. Azkenik, aipatzekoa da Japoniako egoera;  emakumeek hilekoarekin oreka eta gustuaren zentzua galtzen dutela sinesten da, beraz, gutxi dira emakumezko sukaldari ezagunak.

Informazio bilketa eta hausnarketa honen ondoren, esan beharra daukat galderak baino ez datozkidala burura. Alde batetik, gizarteak ikaragarri goraipatzen du amatasuna eta haurdunaldia; abortuaren aurkako legeek garbi egiaztatzen dute baieztapen hau. Era berean, amatasuna aukeratzen ez duten emakume asko epaituak izan ohi dira, seme-alabak noiz izango dituzten galderari etengabe erantzutera behartuak izanik. Beste alde batetik, hilekoaren inguruan arbuio eta ezezkotasun ikaragarria nabari daiteke, fenomeno natural hau zikintasun eta gaitzarekin lotzen delarik. Honenbestez, honako hau litzateke nire hausnarketa: jakinda emakumeek hilekoa izatea umeak edukitzeko baldintza bat dela, nola liteke hori gaitzestea?

Neure buruari galdetzen diot ez ote diren, hilekoarekiko mito eta mezu negatiboak, emakumeoi oztopo gehiago jartzeko estrategia bat. Burua makur dezagun erabilitako beste aitzakia bat.

  

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